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PostDigital / Ponencia Daniel Cruz / Festival Internacional de la Imagen, Manizales, Colombia

 


PostDigital/ Texto para ponencia en Foro Académico/

Festival Internacional de la Imagen, Manizales, Colombia

Palabras Claves : PostDigital, Extrañamiento, Redes Sociales, Fronteras, Desbordes, Experiencia, Temporalidad.


PostDigital


Las artes contemporáneas han sufrido uno de los recambios más interesantes de las últimas décadas. Esto se debe a la innegable reformulación de sistemas, metodologías y proyectos referidos a la cuarta dimensión emplazada en los territorios de la arquitectura, el diseño y las artes visuales. Expandiendo modalidades de acercamiento a lo sensible, a la temporalidad de la experiencia, que encuentra en la mediación de lo digital, un terreno que permite articular diversas capas, generando diálogos, más allá de la pantalla, donde lo material, lo tangible, es el sustrato fundamental para la creación de propuestas autorales como colectivas que desbordan lo disciplinar.

Los diversos nodos de lo digital están instalados en la actividad cotidiana, demostrando el recambio expandido al cual nos enfrentamos. Nos aproximamos rápidamente al IoT, Internet of the Things, un estado donde las cosas, objetos, tendrán un número mayor de conexiones a internet que las personas. El internet de las cosas ya no pertenece a la ciencia ficción de una novela de Philip K. Dick, al contrario, ya está emplazada en los espacios de mayor intimidad. El espacio privado ya ha sido vulnerado.

En este sentido Gérard Wajcman (2011), en su libro el Ojo Absoluto, nos habla de una mutación sin precedentes que ocurre ante nuestras narices, oponiéndose a un ocultamiento, pero que a pesar de esto no la logramos percibir con precisión ni tampoco cuál es su magnitud.  Las escalas como también los alcances de esta mutación desbordan los límites conocidos.Esto ha provocado una sensación de extrañamiento general ya que diversas fronteras han sido modificadas, afectando la dimensión reticular sobre la cual fuimos instruidos.

Lo que ocurre en un lugar remoto del mapa puede afectar una localidad que no ha sido trazada por GoogleMap. Paradojas de lo medial que son  parte de la dinámica geopolítica sobre la cual nos erguimos.

Las redes sociales ciertamente están en sintonía con esto, proponiendo una dimensión entre el consumo y la producción, somos prosumers1 y estamos inmersos en un estado entre el vivir y exhibir. Clay Shirky (2010) nos propone una mirada sobre el cómo los usos sociales de las herramientas de comunicación digital han generado una gran sorpresa. En especial porque las posibilidades no están implícitas en las herramientas, sino más bien en cómo los deseos de los usuarios las modelan, rompiendo la unidireccionalidad de consumir información de manera pasiva. Lo cual evidencia una actitud disruptiva frente a los modelos y acciones globalizantes.

Hoy, podemos acercarnos a contenidos complejos a la distancia de un par de clics, activando una serie de dimensiones de percepción del mundo que no van necesariamente a la par con el sentido reflexivo, evidenciando una cuestión de timing entre ellas. Lo anterior se presenta en diferentes manifestaciones, desde el ámbito del pensamiento y la praxis, que provoca preguntarse sobre nuevos modelos de acercamiento y comprensión de la creatividad, sus procesos y sistemas constructivos, como también la dimensión escalar de la información.

La actividad creativa desde acciones remotas, conectadas a la red para conciliar las distancias físicas del mapa; la emergente actitud de la sociedad hacia un nuevo horizonte de discusión tanto social, política como económica. La obsolescencia de la libertad versus la privacidad como nueva moneda de cambio son una pequeña muestra de ello.

En este contexto surgen preguntas sobre el hacer artístico y cómo la incidencia en su entorno, en función de lecturas insertas en los contextos particulares del cual emergen, generan un reconocimiento a lo local como raíz productiva y emancipadora frente a los modelos globales instalados. Observar la inquietante pregunta sobre lo inmediato de la tecnología y sus soportes. La dimensión política de la velocidad, las alteraciones del lenguaje que nos llevan a decodificar el inevitable avance de las telecomunicaciones para subvertirlas, para así, evidenciar la respuesta de autores contemporáneos que desean reescribir los protocolos, haciéndose parte de las dimensiones propias del lenguaje del arte. En consecuencia convivimos en un estado de magnitudes y escalas que están en mutación, ¿cómo aprehenderlas?.

Iniciemos un acercamiento a la noción de extrañamiento en la cual estamos inmersos. Aproximarnos a esto, conlleva conectarnos con diversos aspectos de nuestro campo social y sus interrelaciones como primer asunto.

Si observamos la capacidad de producir contenidos digitales en diversas dimensiones; inverosímiles, banales, como también de orden complejo, podemos darnos cuenta, que la unidireccionalidad de la difusión y consumo de la información de hace tan solo una década ya no es representativa de la actividad diaria. Lo que acontecía con los modelos de información previos a la dimensión del social network han generado un nuevo factor de incidencia sobre el campo de la actividad de lo tangible.

El 4 de octubre del año 2010, GAP, transnacional dedicada al vestuario, lanza su nuevo logo buscando renovar su imagen. La nueva versión, de letras redondas, en negro, sobre un limpio fondo blanco y un recuadro azul en la zona superior derecha es difundida en Facebook. Acción que implica una apertura, un terreno disponible a la recepción de comentarios socializando un proceso de mercadeo.

Esta decisión de innovar sobre un modelo gráfico, instalado en el imaginario colectivo desde más de 20 años, gatilla una batería de respuestas desde Twitter y Facebook, que fluctúan entre hacer prevalecer el sentido comunitario frente a una innegable aberración, como también de otros, cuyo valor reaccionario es más bien un síntoma de expresión igualitaria frente a una transnacional, un festín al cual no puedes dejar de asistir y cuyo espacio de acción permite una discusión y enfrentamiento transversal que rompe cualquier tipo de jerarquía.

En efecto, esto no sólo tuvo respuestas a través de las redes sociales con textos de diversas magnitudes, sino que fue más allá. La página craplogo.me, “mierdadelogo.me”, aún disponible, lleva la burla del nuevo diseño a un ejercicio práctico cuya acción concluye con un “Congratulations! You just saved $ 1.2 million”.

Finalmente el nuevo logo tuvo una existencia de tan solo una semana.

No somos únicamente consumidores de información, sino que a la vez somos productores. Esta identidad, la del prosumer, identifica a un usuario activo que comparte información, analiza, investiga, dialoga, discute, reclama, propone y difunde, rompiendo la unidireccionalidad de la información, generando un campo transversal que propicia el encuentro. El prosumer es una presencia fundamental en las estrategias y decisiones empresariales que sucumben al contenido reactivo como también germinal de la actividad en red. Esta identidad extiende la dimensión territorial, la cual se expande y borronea según las exigencias de las demandas sociales como económicas, incluyendo tanto al lego como al mainstream de la triple w, por lo cual las fronteras no se limitan a la cartografía política donde la velocidad de la transacción de la información ya no está supeditada a la horas del vuelo.

En otro escenario, el año pasado, el día 12 de abril, la ciudad de Valparaíso Chile, ciudad declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco, se ve enfrentada a un incendio de grandes magnitudes. Incendio que arrasó con 2.837 casas, murieron 15 personas y dejó 8.500 damnificados en los cerros El Litre, La Cruz, Las Cañas, Mariposas, Merced, Ramaditas y Rocuant. La peor tragedia en esta ciudad desde el terremoto e incendio del año 1906.

En este contexto surge en las redes sociales una imagen de una joven que  provocaría una secuela de comentarios y reacciones cuyo orden de acción revela el estado escalar de la información.

La respuesta frente a esta imagen configura un paisaje tan diverso como tensiones y fisuras similares a lo que provocan las llamaradas del fondo de la escena en contraposición a la pose esquemática instalada como estampa ideal.

“La selfie en el incendio es la mejor acción de arte que ha tenido este país en mucho tiempo.” declara @nacholudico

“Ser joven y no sacarte una selfie en el incendio “dantesco” de Valpo, es una contradicción hasta biológica.”pública  @gatamapola

“Como se puede ser tan idiota para sacarse una selfie con el incendio detrás…Claro seguro es una ocasión especial para recordar…” reclama  @ElArlequin1

Estos comentarios desplegados en Twitter y Facebook evidencian la dimensión extensiva sobre la imagen técnica disponible en la red. Una fotografía no sólo representa una imagen de un acontecimiento,no es solo un recuerdo de un “yo estuve allí”. ¿Alguna vez fue solo esto?.  En efecto, la profusión de imágenes en la red permiten observar que lo relevante no es la fotografía en sí misma, sino que lo atractivo es lo que circunda a la imagen.

Los contenidos en la red se enfrentan a la paradoja de la difusión, del encuentro y el enfrentamiento social, un escenario de actividad dinámica que se torsiona con una balanza cuyo espacio medial es depositario de sospecha.

La carta de Paulina Palma, en respuesta a la difusión de su retrato, evidencia una sospecha sobre la actividad/reactividad de un contenido en red, que se difunde y despliega a una velocidad incomprendida. Esta sospecha es respuesta a la sensación de extrañamiento frente a su imagen en la red, y que ella cuantifica en su experiencia con un 99% dañinos y el otro 1% sarcástico.

Hoy, una imagen fotográfica desplegada en las redes es una ideología en estado de latencia, la cual provoca una secuela de posibles contingencias y enfrentamientos. Entonces emerge una pregunta sobre la urgencia de desplegar lo antes posible el “yo” en la red sin mediar filtros. Forma de interrelacionarnos que conlleva un ejercicio de disponibilidad a ser comentada. Existen más de cien millones de imágenes subidas a Facebook, ¿cuál es el fin de esto?. Compartir y comunicarnos parecieran ser el nuevo modo de relacionarnos. ¿Cuán efectivo es?. Este afán contemporáneo, reductible en la manera de comunicarnos, se comprende desde la simplificación ejecutada por el uso de los soportes digitales, móviles y estacionarios; mensajes de texto, chat, Twitter y otros. Las redes sociales nos proponen una constante en la emisión de información que muchas veces no logra mediar entre la veracidad y la ficción, entre el error y la fidelidad. Nos acercan, pero paradójicamente provocan diversos escenarios de alienación, enfrentando una fisura que muchas veces dispone un ejercicio a pérdida, de divergencias que presentan una escena que nos ubica en un territorio distante al contacto.

Las tecnologías de la comunicación digital, han instalado un modelo de traspaso y flujo de información, cuya temporalidad y velocidad evidencia una superposición constante de los mensajes emitidos derivando en un estado de borradura. La imagen técnica y la palabra escrita se han transformado en un medio de fijación de existencia y la frase en un mecanismo de conjugación y ordenamiento que refleja una reductibilidad que enmarca la experiencia humana.

La siguiente imagen corresponde a una acción de búsqueda y seguimiento en la red del texto #chilebusca el día 26 de marzo recién pasado, realizado a través de motor de búsqueda de autoría de Daniel Cruz, parte del proyecto Océano de 1cm. de profundidad 2014-2015. http://www.masivo.cl/ausencia.php. Este hashtag se generó en la contingencia de la tragedia de los recientes aludes ocurridos en el norte de Chile, que devastaron diversas ciudades como también cortaron las vías de comunicación terrestre e informática.

ausencia

A través del # se desencadenó una búsqueda de familiares que estaban dispersos por la acción climática sobre el territorio norteño en las ciudades de Antofagasta, Chañaral, TalTal, Vallenar, Tierra Amarilla, Diego de Almagro, Puquíos, El loro, El Salado y otros.  El desierto de Atacama transformó su geografía por lluvias continuas de veinticuatro horas de duración.

Los mensajes emitidos se publicaron en diversos medios de comunicación, desde una banda del generador de caracteres en las transmisiones televisivas, como también en la activación de la herramienta person finder de Google, permitiendo que quienes necesitaban información de alguien desaparecido como quienes poseían información de contacto, acceder y entregar dichos datos.

Los textos disponibles en la mesura de los 140 caracteres denotan señales de vida. La reducción del lenguaje que observamos propone una esperanza en la contingencia de la tragedia, una espera, una latencia que provee a la vez un espectáculo cuyo relato es reducido y abreviado por medio de palabras claves que nos señalan la pérdida/ausencia en pos del encuentro.

La emergencia textual, sin rostro, carente de fisonomía, nos torsiona.

Las paradojas de la mediación tecnológica y la representación de nuestro propio entorno en base a una dinámica informativa, provoca que nos enfrentemos a una existencia atemporal, la cual nos emplaza a reducir y administrar la profusión de mensajes. Vivir y exhibir, configura un territorio abismal, el cual se solapa a la velocidad de las exigencias contemporáneas. Todo es viable de ser público, de exhibirse, formando parte de la naturaleza humana como un elemento significativo que conlleva existencia. Existencia en constante extrañamiento.

 

1. Originalmente propuesto por Marshall McLuhan y Barrington Nevitt en el año 1972 en el libro “Take Today, The Executive As Dropout”

Shirky, C. (2010). Cognitive Surplus: Creativity and Generosity in a Connected Age. NewYork : Penguin Press.

Wajcman, G. (2011). El ojo absoluto. Buenos Aires, Manantial.