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portabilidad y posthabilidad

Por muy insistente que en ocasiones se nos presente la tecnología como El hack, La distracción o incluso El canal (intermediario si se fuese preciso), lo cierto es que la delicadeza con que la tecnología ha tomado posición y proyección da cuenta de nuestra ingenua necesidad por abarcar la realidad y tomar dominio de ésta. La dirección no alude estrictamente al control del entorno, sino más bien a una suerte de simbiosis, una asociación directa de hardwares; así el deseo de extendernos se convierte en motor de evolución, evolución que fuera de cualquier lectura darwiniana, se emplaza como condición de arraigo al todo cuantificado.

Desde un punto de vista científico, el ser humano posee cuatro dimensiones; tres espaciales y una temporal. La manipulación y puesta en tensión de esta condición es la que (posiblemente) detonaría siglos más tarde la ferviente era de la industrialización (revolución espacial o volumétrica) y como consecuencia la era de la información (revolución temporal). Un antecedente a esta posibilidad es constatar como el concepto de distancia ha ido cambiando a lo largo de la historia. El planeta mutó de lo adimensional (concepción de ésta como deidad) a la sobre explotación (la tierra en su condición práctica, delimitada y cuantificada).
Esta profunda y acelerada transformación, del sometimiento al empoderamiento, se le atribuye en gran medida al desarrollo y sistematización de los procesos comunicativos, los que en su origen se sostenían única y exclusivamente en los hablantes, sus capacidades intelectuales y la dilución progresiva de la transmisión oral. Las experiencias y el conocimiento se sostenían prácticamente en un ciclo biológico propio. Más tarde, por medio de la escritura, se vislumbrarían los primeros atisbos de la complejización de los procesos comunicativos y de almacenamiento.

No es casual cada vez más la portabilidad de ordenadores, y tampoco es de extrañar que esto se siga extremando; no es casual, por lo mismo, lo celular de un teléfono o la desapercibida condición de android. Es evidente la intromisión y también las ventajas que los dispositivos tecnológicos ofrecen como puntos de divergencia operacional,  desde cuestionar el pasado exacerbando la memoria hasta, por qué no, la absorbente ilusión de un pseudo panoptismo. Se amplifican las interrogantes en torno a la profundidad de esta superficie y al área infinitamente extensa que dibuja sobre las necesidades que inculca.

Resulta llamativo que el silicio, material que nos llevó a la era de piedra, sea el mismo que en la actualidad nos transporte a un estadio incierto de la idea de herramienta.